lunes, 20 de julio de 2009

Más de las vacaciones de invierno


Olvidé mencionar en la entrada anterior que Vero y la Ita corrieron con buena parte de la responsabilidad de los niños al quedarse ellas con los tres querubines, Ignacio, Vicente y Martina.

Ellas se las batieron con los desayunos, almuerzos, mamaderas y también con la "mano militare" para mantener a raya a los revoltosos del grupo: Ignacio y Vicente, que siempre andan inventando cosas nuevas, como subirse arriba del tubo de gas, treparse por las rejas, atrapar bichos ... entrenciones propias de los niños de 6 y 7 años.

Carmen Gloria también aportó lo suyo al volver a la playa en un bus, dejándome el auto para que yo volviera el miercoles noche, cosa que hice por la ruta alternativa, que consiste en ir por Lampa, Til-til, Cuesta de la Dormida, Olmué, Limache, San Pedro, Tabolango, Valle Alegre, Puchuncaví y Maitencillo. Con esta ruta no se pagan peajes, pero es algo más larga en tiempo.

La ruta tiene la gran gracia de pasar por lugares muy pintorescos, como la cuesta de la dormida, Olmué y Limache, pueblos antiguos en los que además se pueden comprar toda suerte de hortalizas y frutas de la estación a precios bastante razonables.

En el camino entre Valle Alegre y Puchuncaví nos hemos cruzado con zorros y conejos, los primeros muy raros de ver cerca de la costa.

Otro aspecto que quisiera comentar es el de Ignacio, y se refiere a sus miedos de niño. El sábado me preguntó que cosas me daban miedo, al preguntarle yo a Vero si se atrevía a bajar del auto a abrir la puerta. En ese momento se me invirtieron los papeles y me vi yo en el cuerpecito de Ignacio preguntándole lo mismo a mi papá, claro, uno ve que el papá se levanta con la luz apagada, que camina en la oscuridad sin temor, que carga el auto, que maneja de noche, con lluvia, que espanta a los perros, que mata los bichos ... casi un superman ... aunque dista mucho de eso en la realidad.

También pensé en que cada uno de nosotros debe ver a Dios con igual confianza y admiración que uno ve a su padre, sabiendo que está allí, que va a hacer todo lo que sea posible porque estés bien, por protegerte, por ayudarte. Este concepto obvio que no es invento mío, está claramente escrito en el Evangelio, pero es distinto leerlo a palparlo, a tener conciencia de que uno es, para lo bueno y desgraciamente también para lo malo, modelo para sus hijos.

El tener estos detalles siempre presentes es muy importante porque los niños aprenden de lo que ven y por razones obvias a uno es a quién más ven.

Esto me recuerda algo que me dijo Ignacio hace un par de años atrás, comentándome que el papá de un compañero de él había tratado a su hijo a punta de garabatos, cosa que yo no hago con los niños por enojado que pueda estar, y él estaba muy impresionado. Le pregunté que le había llamado la atención del hecho, me dijo que los garabatos, le pregunté por qué y me dijo que porque yo nunca lo trataba así a él.

También, y para que esto no parezca autoadulación, Ignacio me ha llamado la atención por algunas cosas, me pregunta por que estoy tan enojón, cosa en la que tiene razón. En parte es porque estoy bajo mucha presión ene el trabajo y en parte es porque él sistemáticamente responde que no a cuaquier cosa que uno le diga, pero bueno, es parte del juego de los niños, el tira, tira y tira, veamos hasta donde aguanta la cuerda.

3 comentarios:

Soledad dijo...

Como niño no hay conciencia del peligro y por eso son imaginativos, aventureros y arriesgados. Lamentablemente llega el tiempo en que otro tipo de miedo nos paraliza y perdemos la espontanedidad y alegría de ser niños.

AleMamá dijo...

Lindísimo post, David. Te sale de dentro el ponerte en el lugar de tu niño, y me gusta que te des cuenta de que tienes defectos. El decirlo con honestidad jamás te quitará valía delante de tus niños, al contrario.
Lo del rosario, bueno, ya sabes que yo lo hago cada día.

AleMamá dijo...

oye, ¿cómo marcaste el mapa?